SIGUIENDO EL CAMINO DE TODOS

Ante la partida con el Señor de aquellos líderes que amamos y que han dejado una marca, un legado, en muchos de nosotros hay preguntas sin respuestas, como por ejemplo :
¿Por qué Señor?.

Una respuesta muy definida y sin lugar a dudas, es la que encontramos en lo que dice y afirma, , por el Espíritu Santo, el salmista: “Estimado es a los ojos de Jehová, la muerte de sus santos” (Sal.116.15); y a través del Profeta: “Los piadosos mueren y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo. Entrará en la paz, descansarán en sus lechos todos los andan delante de Dios” (Is. 57.1-2) (Solo hay que ser santos y andar delante de Dios).

Y otra es que fuimos “llamados conforme a los propósitos de Dios”, por lo tanto él es quien decide sobre nosotros. (Ef.1.11).

Se nos ha enseñado por el Señor y nuestros padres espirituales, que debemos ocuparnos en preparar discípulos que asuman las responsabilidades de la Obra y cuando ya nos estemos, sean los que fielmente tomen la posta.

David dijo a Salomón: “Yo sigo el camino de todos en la tierra, esfuérzate y se hombre” (1ªR.2.1-2).

El camino de todo ser viviente está emplazado dentro de estos términos: nace, crece, se reproduce y muere”. (La diferencia de un hijo de Dios está en que, no muere sino duerme en Cristo, “vive para siempre”).

Si hemos nacido de nuevo (Jn.3.3), debemos “crecer en todo, esto es en Cristo Jesús” (Ef.4.15). “dejar de ser niños fluctuantes” (Ef.4.14), y alcanzar la madurez en el Señor (He.5.14).

Reproducirnos en otros a través del discipulado “a treinta, a sesenta y a ciento por uno” (Mt.13.23), con el ejemplo y la instrucción, “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced” (Fil.4.5); preparándonos para el paso de la partida con el Señor, porque de cierto sucederá. O se nos termina el límite de vida prefijado por el Señor (Hch. 17.26), o si se produce la segunda venida de Cristo a llevar a su Iglesia.

Las palabras de David son claras, ¡Esfuérzate y se hombre!. Esto también es para nosotros, pues es necesario que con responsabilidad y esfuerzo enfrentemos el camino de la vida trabajando, estudiando, haciendo el bien a todos, (mayormente a los de familia de la fe).
Amando, perdonando, soportando, sufriendo, padeciendo, formando un matrimonio, criando hijos en el temor del Señor, sujetándonos a las autoridades, pagando los impuestos, etc.
La idea es también como lo dice Pablo a Timoteo: “sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo” (2ªTi.2.3) En otras palabras: ¡aguanta, soporta, enfrenta con valentía lo que venga, se hombre, (o mujer) cumple tus responsabilidades!

Pero el tema no es terminar el camino de cualquier manera, sino siguiendo las pisadas del Maestro, “Yo te he glorificado en la tierra, he acabado la obra que me diste que hiciese”. (JN.17.4). También el Ap. Pablo nos insta a seguir su ejemplo diciendo: “sed imitadores de mi…”, “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal de que acabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios” (Fil.3.17); (Hch.20.24).

¿Esforcémonos y seamos valientes en transitar el camino de la vida de tal manera que glorifiquemos a Dios en la tierra y hayamos hecho lo que él nos mandó! Y como dijera alguien, en palabras del Ap. Juan José: “debemos vivir de tal modo que lo único que nos reste sea, encontrarnos con Jesucristo”. ¡Caminemos en santidad delante de él, ocupándonos de nuestra salvación con temor y temblor, haciendo todo lo que Dios espera de nosotros y preparándonos para el encuentro con nuestro Señor y Salvador, porque de seguro acontecerá!.

PRESBITERIO
CC.CC.

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