Síndromes TRANSICIONALES

En el oficio pastoral si bien no debiera existir este tipo de comportamiento pero sería ingenuo negarlo.

Toda clase de persona en relación de carrera, que implica procesos de transición, puede ser presa del síndrome de Procusto, situación que puede ser inconsciente ( no darse cuenta), como también conscientemente por lo que deben urgentemente ser diagnosticados y tratados.

Teniendo siempre al verse superado por los otros que vienen, como condimentos básicos de estas conductas, y al verse superado por otros, frustración, miedo, mediocridad y convirtiéndose en un “tapón“ del proceso.

En la Biblia encontramos algunos ejemplos de personajes que fueron víctimas de este síndrome o lo ejercieron sobre otros.

a) José, quien era amado por su padre más que sus hermanos y quien tenía un don de interpretar sueños fue vendido por sus pares. Su túnica de colores resaltó más de la cuenta…, al menos eso pensaron los procustos que lo ultrajaron, sus hermanos!

b) David, el humilde pastorcito de ovejas sufrió las malas acciones de un rey Saúl que padecía del síndrome de Procusto y quien, sin misericordia, quiso clavarlo en la pared en varias ocasiones. Al ver que no pudo lo persiguió por los cerros con cientos de soldados para matarlo. ¿El pecado de David? Mató a 10.000 y Saúl solo a 1.000

c) Pablo, quien antes era un perseguidor de la iglesia ahora es un líder en ascenso. Pero ninguno de los apóstoles quiso reconocerlo, entrenarlo, patrocinarlo (lo aislaron). Solo Bernabé tenía la seguridad en sí mismo para ver en Saulo a un grande en crecimiento. Lo tomó y capacitó.

d) Jesús, un distinguido Rabí que no había pasado por las academias judías formales pero que sin embargo sobresalía porque “enseñaba como quien tiene autoridad”. Fue acosado, calumniado, denigrado y asesinado por quienes se sintieron intimidados por él.

Algunos “approach” diagnósticos :

1º La característica principal de quienes ejercen liderazgo cristiano debe ser el “servicio”.
Considerarnos a nosotros mismos “siervos” de los demás, usando la palabra “esclavos” de Dios (ebed Yahvé), esto implica acto liberador.
Cristo lo declaró en Marcos 10:35-45 y dió una consigna a los suyos: “Entre vosotros no debe ser así…”.
Sino más bien, “el que quiera ser grande…”.

2º Los líderes cristianos debemos considerar al otro superior a uno mismo. Esto es una paradoja en una sociedad competitiva, pero en nuestra esfera cristiana debería ser algo normal:
“No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo” (Filipenses 2:3).

3º Como líderes en la iglesia debemos procurar que a nuestro prójimo le vaya bien y alegrarnos cuando eso ocurra. Al hacerlo aseguraremos bendición para nosotros mismos y los demás:
“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2).

4º Debemos entender que “el líder que empieza o la iglesia de al lado no es nuestra competencia sino nuestro complemento”.
Esto nos ayudará a ser libres de la envidia, la competencia. Jesús describió esto de manera fantástica en el siguiente relato: “Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Marcos 9:38-40).

5º Entiende que las comparaciones tienden a ser tontas e injustas. Así entonces tu ministerio nunca será igual al de tu compañero.
Él tiene sus victorias y tú también, tú tienes tus fracasos y tu próximo también los tiene.
Recuerda que cada uno ha sido dotado con dones únicos, la comparación produce desánimo, frustración, cansancio.
Pablo dijo: “Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7).

Usa esa gracia para glorificar a Dios, en ella NO hay lugar para pelear menospreciando al comparar tu ministerio, tu templo, tu congregación , tu casa, tu auto, con tu compañeros en la milicia!

6º Felicita a tu compañero/a cuando alcance logros. Esto es muy poco común, debería ser todo lo contrario!
Cuando felicitamos al otro por las metas conquistadas estamos sembrando en él una semilla que a su tiempo germinará a favor del felicitado y de quien felicita (esto es un acto de generosidad, no prives tu felicitación). ¡¿Por qué nos cuesta tanto animar a quienes están ascendiendo en su liderazgo?! La Biblia dice: “Y el que reanima a otros será reanimado” (Proverbios 11:25).

7º Si ves que tu compañero está brillando, con un ministerio fructífero, no menosprecies, ensucies, o aísles, busca en la multiforme Gracia que te está esperando, y aprende de el !
Hacer esto mostrará en ti un espíritu de aprendizaje que debe ser característica de los discípulos de Cristo: “Mi pueblo pereció por falta de conocimiento” (Oseas 4:6).

CONCLUSIÓN
El síndrome de Procusto en la pastoral es más común de lo que pensamos. Ante todo es importante reconocerlo en nosotros primero para luego verlo en los demás. Cuando seamos nosotros los “procustos” pidamos al Padre nos ayude a cambiar; cuando veamos esto en los demás, acerquémonos con temor y temblor a esas personas para hacerles conscientes de su actuar.
Es necesario correr sin lastres la carrera y el ministerio que Dios te ha asignado, entregar bien la posta o el testigo es fundamental para la continuidad.

“Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él. ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

“Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.”
1 Corintios 9:23-25, 27 RVR1960

CARTA PASTORAL
CCCC.

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