Un viaje más cómodo

Hace unos años, mi papá me contó una situación que vivió en un colectivo.
El tenía dos trabajos entonces y tomaba durante el día 6 colectivos, para trasladarse.
Un día volviendo ya a casa, al finalizar su segundo trabajo, consigue un asiento, al lado de una mujer visiblemente cansada, que cabeceaba del sueño.
En determinado momento, ella dormida apoya su cabeza sobre el hombro de mi papá.
El pensó, ¿la despierto y le digo que se corra?, por alguna razón, decidió dejar que siga durmiendo sobre su hombro. Y así transcurrieron como 15 minutos del viaje, hasta que llegó al lugar donde él se tenía que bajar, así que tuvo que despertar con cuidado a su ocasional compañera de viaje y retirarle el hombro donde ella descansaba.
Cada uno de nosotros andamos por la vida relacionándonos todo el tiempo con personas, y así como mi papá pudo hacer ese día que el viaje sea un poco más cómodo para esta desconocida mujer, nosotros también podemos hacer que los que viajan junto con nosotros por la vida, tengan un viaje más cómodo.
Y esto aplica para los matrimonios que, generalmente están formados por dos personas  diferentes (a menudo muy diferentes), pero que hemos comprometido nuestras voluntades ante Dios de respetarnos y amarnos para toda la vida.  
Aplica también a las relaciones con nuestros hijos, padres, amigos, etc.
Y también aplica en las iglesias, que son comunidades de fe, donde nos encontramos con realidades e historias bien distintas a las nuestras, pero que tenemos en común, un mismo Padre y Dios.
En la iglesia, tenemos todos los días oportunidades, de hacer más cómodo el viaje a nuestros hermanos en la fe.
Personalmente creo que hay dos tipos de iglesias: primero, las que aman a Dios (doy por sentado que en todas se practica el amor al Señor), pero hay un segundo tipo: las que aman a Dios y a las personas.
Creo que este es el diseño de Dios para Su iglesia, la que practica el amor mutuo, la tolerancia, son iglesias dinámicas, que crecen, tienen una mirada hacia afuera, desean impactar a la sociedad con su testimonio, con un interés genuino por ellos.
Una iglesia que no habla de religión (de eso ya hay mucho), sino que habla del la gran noticia del Evangelio: que Dios te ama y envió a Su único Hijo a morir por tus pecados, para que no temas a la muerte, porque tendrás vida eterna.
Hay un lenguaje que necesitamos practicar cada vez más y se habla con acciones de amor, ¿a quién no le gusta un abrazo, una mirada sincera de contención y una mano en su hombro?  A todos nos gusta que oren por nosotros, que nos bendigan, que nos afirmen y nos acepten.
En estos últimos tiempos la iglesia tiene que manifestar el amor de Dios al mundo, porque está escrito, “en esto conocerán que son mis discípulos, en que se aman unos a otros”.  Tenemos el poder para hacer un viaje más cómodo a quienes nos rodean.
El mundo vive una crisis de orfandad, pero en la iglesia ya entendimos que tenemos Padre, tenemos casa, somos familia.  Abba está con nosotros y su amor es para siempre.

Pastores CCCC

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