Depresión de Elías

En el contexto de un reino dividido, enfrentados por sus creencias (la fenicia y la hebrea). Una persecución en contra de todo aquel enviado de Dios como profeta. Dios envía a Elías (de Tishbé – Galaad), a recordarle a Acab sobre su anterior fe, sobre el Dios verdadero.

Desde el capítulo 17 al 19 suceden acontecimientos sobrenaturales:
_Elías anuncia una sequía (duró aproximadamente 3 años y 6 meses).
_Elías resucita al hijo de una viuda en Sarepta.
_Dios responde, en el monte Carmelo, la oración de Elías, y hace descender fuego del cielo (que consumió hasta las rocas). Después da muerte a 450 profetas de baal.

En la 1ra parte del libro de Reyes, capítulo 19 (en los versículos del 1 al 10) Jeremías, comienza a narrar el escape de Elías, al desierto, después de que Jezabel (reina de Israel en su mandato conjunto con su esposo Acab) haya enunciado una sentencia de muerte, con caducidad de 24 horas.

Humanamente hablando, no sabría qué podría inquietar más, saber que uno de los más grandes y poderosos profetas de Dios del Antiguo testamento, pueda llegar a tener temor a las amenazas en su contra y se esconda, o que pudiera haber olvidado los milagros que Dios hizo a través de su vida.
De no ser por un deterioro neurológico, ¿Qué cosa podría hacerle olvidar todo lo que vivió hasta este punto? De alguna manera, el olvidar lo que alguien fue para, o hizo por nosotros, muchas veces suena a ingratitud. Santiago (5:17) dice: “Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras (…)”.

Frente a la ansiedad, a las situaciones incomprensibles de la vida, “La FE ocupa en nuestra mente, el lugar que la RAZÓN no alcanza a entender”. Ya vamos a entender todo, mientras tanto tengamos fe, tengamos esperanza (1 Corintios 13:9,10).

Cuando somos amenazados de muerte, cuando nuestra cabeza tiene precio, es cuando comenzamos a reconocernos frágiles y nos preocupamos en verdad, a esto se le llama: situaciones límites, situaciones que reorganizan nuestras prioridades.

Hay ocasiones donde LAS EMOCIONES NUBLAN LA RAZÓN, No está mal sentir, eso nos hace empáticos y compasivos, pero sí vivir en función de nuestros sentimientos o emociones. Lo que hagamos hagámoslo con el corazón, pero también con el entendimiento razonado.

En las emociones más fuertes, aparece también el dolor. El tema del DOLOR y el SUFRIMIENTO, es que son diferentes, porque el primero es una sensación y respuesta sana y natural a algo que nos lastima, pero el segundo, es una elección y respuesta artificial, de evocación de aquello que nos lastimó. Y este asiento es el de los temores irracionales. Después viene EL MIEDO, que sería como una versión anticipada, un interpretación negativamente, de que me vuelva a pasar lo mismo. Ese es el temor a sufrir.

UNA HISTORIA NARRA acerca de una niñita, que solía tener noches de sueños de angustia e inquietud, hasta cuando su padre se acercaba y abrazándola le decía… “Shhhh tranquila, papá te cuida, papá te cuida”. Podría parecerse mucho a la historia de Elías, quien ahora está escondido en una gruta, en el mismo monte (Horeb/variante de Sinaí), en donde Dios estuvo antes con Moisés, ahora es escenario de lo que, para mí, sería como un diálogo metafórico, sin palabras.
Imagino Dios diciéndole, ¿Te acordás? ¿Recordás qué puedo hacer? Dios trajo UN VIENTO que partía las piedras (¿Dónde se ha visto eso?), trajo UN TERREMOTO que hizo estremecer la creación, trajo UN FUEGO que podría poner celoso al sol… Pero Dios no estaba en nada de eso, (creo que eran manifestaciones de su poder). Pero después, con ternura, como un silbido silencioso, como quien acuna un niño pequeño… Ahora mostraba su identidad como diciéndole, ¿Recordás quién soy?, – shhhhh tranquilo, papá te cuida.

Un maestro espiritual que supo guiarme, solía decir, cuando la persona ya no estaba cerca, porque se había ido lejos o ya no existía que: “La gratitud es la memoria del corazón” (agradecer a Dios y homenajear la sana memoria, con una sonrisa). Agregaría hoy, cuando tenemos cerca a quien nos cuida, que… “La confianza es la memoria del corazón”.

LA GRATITUD tiene que ver con el pasado, PERO LA CONFIANZA tiene que ver con el presente y futuro. Que en esta situación, crítica, que en nuestras episodios de tristeza podamos decir como Job, después de perderlo todo, su economía, sus amistades e hijos. Experimentó abandono, burla, enfermedad física y soledad, pero no dejó simplemente una crónica del sufrimiento, sino una invitación a sumergirnos en la intimidad de lo insondable de su ser: “De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven. En el peor momento de aflicción, es donde verdaderamente puedo conocer.

Hoy te animo al no permanecer en el temor, o la angustia. A no olvidar qué puede hacer Dios, y a reconocer la voz de tu Padre, que te cuida y te anima. Que te recuerda que hay propósito, y que queda camino por delante.

CCCC

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